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Plantas para la miel

Dietética y salud a lunes 10 de junio de 2002

Foto Por Defecto Dentro de la flora silvestre y cultivada, distinguimos las especies que son visitadas por las abejas para elaborar la miel. De tal flora se calcula que hay entre un 25 y un 40 por ciento que tiene un valor apícola.

Sin embargo, sólo unas pocas especies son fundamentales para las abejas en cada comarca. Las plantas aportan néctar y polen, materias primas básicas de la miel. Algunas sólo proporcionan néctar y otras únicamente polen; en estos casos hablamos, de forma respectiva, de plantas nectaríferas o poliníferas.

La primavera es el periodo de apogeo de la floración de las plantas melíferas, pero también las hay que florecen en verano, al final del invierno y en otoño, por eso los apicultores practican la transhumancia de las colmenas aprovechando las distintas floraciones regionales, a lo largo del año.


La especie humana aprendió a beneficiarse del trabajo de las abejas ya desde muy antiguo. Conocemos pinturas rupestres neolíticas que así lo atestiguan, como la que existe en la Cueva de la Araña, en Bicorp, Valencia, datada de hace unos 7.000 años y cuya fama ha dado la vuelta al mundo.

Los nectarios son los órganos de producción de néctar y normalmente se sitúan en la flor. Sin embargo, los hay extraflorales, es decir, en hojas, tallos y otras partes de la planta. El néctar es un líquido acuoso azucarado que produce la planta como reclamo para la polinización de los insectos, las aves, los murciélagos u otros polinizadores.

El grupo más importante son los insectos. Existen muchísimas especies, y aunque las abejas comunes son sólo una especie más, son muy importantes para nosotros. Algunas plantas se polinizan por el aire, el agua u otros medios y no necesitan de los polinizadores para su reproducción, por tanto no poseen néctar.

La miel es el alimento que producen las abejas en su estómago por transformación del néctar de las plantas que han libado. Es un proceso muy complejo de elaboración, que implica varias fases. Con buen tiempo, las abejas realizan miles de viajes al día en busca de néctar y polen.


En la composición de la miel intervienen también el polen, ya sea el que cae accidentalmente o el que las abejas recogen para alimentarse. Para conocer la calidad de las mieles se recurre al análisis polínico, esto es, el análisis del polen que queda en el sedimento de la miel. Se distinguen tres grandes tipos de miel: mieles unifloras o uniflorales, mieles multiflorales o miel de mielada o &quotde bosque&quot.

Para que se considere una miel uniflora es necesario que en su análisis polínico aparezca un mismo tipo de polen en al menos un 45 por ciento del total de pólenes. En España producimos mieles unifloras de azahar, brezo, castaño, albaida, espliego o romero, entre otras, pero lo normal es que las mieles sean multiflorales, con una proporción variable de granos de polen de muchas especies melíferas diferentes.

La miel de bosque o de mielada está elaborada con otras sustancias azucaradas distintas al néctar, que las abejas recogen en la superficie de las hojas, tallos, frutos, etc. Se trata de sustancias azucaradas excretadas por los insectos chupadores como pulgones, cochinillas, etc, después de haber tomado la savia de dichas plantas. Tras su proceso digestivo excretan parte de los jugos que son los que la abeja toma posteriormente.

         

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