Como en cualquier deporte o actividad lúdica, para ir a la nieve es necesario escoger la ropa adecuada, teniendo en cuenta que el medio nevado es hostil al ser humano, al no estar éste adaptado a las condiciones climatológicas imperantes.

La ropa cumple una función vital en el medio ambiente nevado; evitar la pérdida de calor del cuerpo. Por la primera ley de la termodinámica, la temperatura tiende a equilibrarse entre cuerpos o medios a distinta temperatura inicial. Los medios por los que la temperatura pasa del cuerpo mas caliente al más frío son por contacto directo, por convección (paso del calor a través del medio) o por irradiación (paso del calor a distancia sin necesidad de medio alguno). Las pérdidas de calor por contacto en la nieve se producen a través del contacto directo del cuerpo con objetos más fríos, o a través del agua, ya sea la originada por la propia transpiración, ya sea adquirida del medio (recordemos que la nieve y el hielo son agua), al ser esta un gran conductor de la temperatura. El aire facilita grandemente la pérdida de temperatura, al separar las capas calentadas por el cuerpo de aire o agua de este, reemplazándolas por nuevas capas frías, que el cuerpo debe calentar. La emisión de calor por irradiación no suele ser muy problemática, al ser las radiaciones emitidas (infrarrojas) de pequeña intensidad.
Por ello los dos enemigos fundamentales del hombre en la nieve son la humedad y el frío, que están muy relacionados.
Las ropas deben proteger adecuadamente contra la pérdida de calor corporal, mediante cámaras de aire que separen la superficie del cuerpo del medio ambiente. Para ello lo más indicado es la ropa interior de algodón grueso o fibras especiales termoaislantes, que puedan absorber el sudor.
Sobre la ropa interior, siempre con mangas y perneras largas, conviene ponerse ropa; camisa y pantalón o mono, de cierto espesor, aunque la capa más importante es la de la ropa interior, y que transpire adecuadamente la humedad, siendo el
tejido concreto menos importante como el hecho de que sea poco conductora del calor y transpirable.
Es conveniente sobre la ropa normal ponerse alguna prenda de abrigo, como jerseys de lana u otros pelos animales (alpaca o camello, por ejemplo), ya que la industria textil no ha superado las propiedades de los productos naturales.
Finalmente la capa más superficial debe ser impermeable al agua y al aire, para proteger contra la humedad y el viento, lo dos factores más influyentes en la pérdida de calor desde el cuerpo, aunque debe tener prevista la libre salida de la humedad corporal o que haya podido entrar desde el exterior.
Desde hace tiempo se han impuesto las ropas exteriores con plumas o boata aislante; los denominados plumíferos. Aunque no sean imprescindibles, añaden una capa aislante más a la indumentaria, reduciendo aún más la pérdida de calor, y con la ventaja de que esta no se ve constreñida por la necesidad de ponerse más ropa encima, lo que permite unos espesores importantes.
Para la práctica del esquí o el senderismo es recomendable el empleo de casco, aunque sus características específicas dependerán del empleo que se le vaya a dar.
Siempre indique a alguien el recorrido y horarios que piensa realizar si se va a alejar de zonas habitadas, y compruebe en todos los casos la previsión del tiempo.
Recomendamos que en cualquier circunstancia en la que se prevean desplazamientos lejos de zonas habitadas se lleven en un compartimento estanco, al menos una muda de calcetines y guantes, ya que en cualquier circunstancia en que estos se mojen deberán ser cambiados de inmediato por otros secos.

Como equipamiento accesorio, es imprescindible, para evitar las lesiones oculares, el empleo de gafas, que pueden ser amplias para proteger la nariz y parte de la cara, con cristales que filtren la luz ultravioleta, irrompibles o plásticos, y que, protegiendo del aire, permitan la transudación, usualmente por su montura.

Los guantes son otra pieza imprescindible del equipo, ya que las manos son muy sensibles a la congelación. Deberán poseer las características ya apuntadas de aislamiento térmico, transpirabilidad e impermeabilidad. Si se prefiere emplear manoplas, deberán emplearse, debajo de éstas, guantes por lo menos aislantes, pos si hay que quitarselas para manipular algún objeto.
Para la protección de la cabeza y el cuello se puede optar por la socorrida bufanda, o por un pasamontañas ajustado y largo, empleando la capucha del anorak como impermeabilizante.
No debemos olvidar el calzado, ya que es el que nos permitirá movernos sobre la nieve. Recomendamos ponerse, al menos, dos pares de calcetines, unos normales, en contacto con la piel, de algodón, para absorber la transudación natural y evitar el acumulo de humedad en los pies, y otros calcetines por encima de material más aislante y protector, como la lana o textiles térmicos.
El calzado debe tener una suela gruesa y resistente, con características aislantes del frío y la humedad, y adaptada al uso que se le va a dar, o que admita los aditamentos adecuados, como clavos para andar sobre el hielo.
Deberá tener la altura adecuada para evitar la entrada de agua (nieve), y un sistema para estanqueizar lo más posible su boca, ante la posibilidad de hundirse más de lo esperado en la nieve. La caña será de un material impermeable, pero que permita la transpiración. La mayoría de calzado para la nieve incluye un forro interior con el objeto de aislar más el pie, protegerlo de las lesiones provocadas por el roce con las partes duras del calzado y facilitar la transpiración. Recuerde que más que una función decorativa este forro cumple una misión esencial.
Mención aparte merecen las botas para esquiar, ya que a estos requisitos deben unir la rigidez necesaria para proteger el tobillo contra las lesiones, sin comprometer la integridad de la pierna, por lo que deberían ser lo más altas posible. Los modelos más adelantados, realizados en plástico moldeado resistente, llevan una articulación entre el zapato y la caña para facilitar la flexión del tobillo, que deberá ser adaptable a las distintas geometrías del pie.