No debemos en ningún momento tener en cuenta la edad a la hora de practicar un deporte. Un joven de 24 años sin entrenar puede tener la misma capacidad física que una persona que sobrepase los 50 tras un programa de entrenamiento.
Concretamente, la natación permite conservar la elasticidad vascular, factor que contribuye a retrasar el envejecimiento. El entrenamiento en medios acuáticos desarrolla mayor capilarización en la musculatura con la consiguiente mejora en el abastecimiento sanguíneo.
En las recomendaciones de ejercicio físico para los ancianos es preciso tener en cuenta: Aquellos que han sido deportistas y que siguen realizando ejercicio físico, en los cuales pocas recomendaciones se puede hacer puesto que sus conocimientos sobre sus condiciones físicas son máximos, y aquellos que tras largos años de vida sedentaria llegan al convencimiento de que la práctica de actividad física puede mejorar su estado de salud. En este último caso las recomendaciones deben de ser muy claras y deben de estar en función del estado físico en que se encuentra cada uno.
Siempre se debe de tener presente el papel que ejerce el envejecimiento sobre las funciones vitales del individuo y sobre su capacidad de trabajo muscular. Hay que tener en cuenta a la hora de recomendar una actividad física en ancianos determinados déficits que en ocasiones pueden pasarse por alto y son de gran importancia, tales como la perdida de agudeza visual o auditiva, alteraciones del equilibrio, sin olvidarse de la arteriosclerosis, insuficiencias venosas, isquemias, etc.
Por tanto, estas personas que, generalmente, son incluidas en programas generales de actividad física, deberían de recibir entrenamientos personalizados. Dado, además, que muchos ancianos padecen determinadas patologías, es evidente que el deporte más idóneo debe de ser individualizado.
También hay que diferenciar entre quienes practican deporte de forma cotidiana y quienes realizan ejercicio físico de vez en cuando.
La tendencia a la hipotrofia muscular y a la
osteoporosis deben de ser combatidas en el anciano mediante la práctica de una actividad motora.
Existen determinadas modalidades deportivas que son más adecuadas por encima de los 60 años, y en especial para aquellos que comienzan la práctica deportiva: Marcha, carrera de medias distancias, natación, esquí de fondo, ciclismo, golf, etc.
Por sus características biológicas, el anciano es más apto para la actividad deportiva aeróbica, de iniciación gradual, dinámica y bajo un especial control médico.
Finalmente, es obligado decir que no está demostrado que programas de actividad física en ancianos influyan de manera significativa la longevidad, aunque sí está claro que mejoran notablemente la calidad de vida.