Por todos es conocido este problema que en ocasiones llega a causar verdaderos problemas de relación y todo ello es tratable y por supuesto evitable.
La descomposición del sudor con el aceite segregado por nuestras glándulas sudoríparas, el detritus de la
descamación celular y la contaminación por cierto tipo de bacterias u hongos, en ocasiones produce el olor repulsivo.
Higiene adecuada
La aplicación de tratamientos farmacológicos que en todo caso prescribirá el podólogo o facultativo consultado.
En ocasiones se recurrirá a la
desinfección del calzado mediante productos químicos o a la eliminación del mismo.
En este apartado es donde el particular puede efectuar las acciones más importantes para prevenir dicho problema.
Como hemos citado anteriormente la higiene es muy importante así como el correcto secado de los pies.
Los calcetines de fibras naturales preferentemente y cambiados diariamente.

Un buen ventilado y oreo del calzado, a fin de eliminar la humedad fuente de contaminación de las bacterias u
hongos que propician la aparición del mal olor. En especial los calzados deportivos, que acumulan mayor humedad y contienen espumas y tejidos en los que es fácil la acumulación de detritus celulares, es importante la alternancia en dichos calzados y evitar el prestamismo de los mismos.
Tomar precauciones de calzarse en los lugares públicos con chanclas u otro medio de protección.
Es importante como precaución usar periódicamente (una vez a la semana) un antiséptico (ver en farmacias -bactericida y bacteriostático-) en especial si se frecuenta lugares públicos como gimnasios o piscinas.
Como hábito el dejar descansar el calzado y la variación diaria del mismo, es una muy buena práctica para evitar el problema.
Y en caso de no solventar el problema acudir al especialista sin demorarlo demasiado que nos ofrecerá la solución más adecuada.